- El estudio de la Mutual de Seguridad muestra que las personas trabajadoras viven el descanso desde una necesidad emocional creciente, especialmente en los tramos de mayor edad (un 85% del grupo de entre 45 a los 54 años). Se evidencia la creciente preferencia por tomar dos semanas de vacaciones, para recuperarse del estrés laboral, pero un 54% señala que ese efecto dura solo semanas o incluso días.
En Chile, las vacaciones dejaron de ser un espacio recreativo para convertirse en una herramienta esencial para potenciar el bienestar de las personas. Así lo revela la nueva edición de la Radiografía de las Vacaciones de las Personas Trabajadoras, estudio realizado por Mutual de Seguridad, que muestra una tendencia inquietante: 8 de cada 10 trabajadores necesita vacaciones exclusivamente para cuidar su salud mental.
¿A quiénes se aplicó la consulta?
El informe, aplicado a hombres y mujeres entre 18 y 54 años en todo el país, indaga en el estado físico, emocional y organizacional en torno al uso del descanso laboral. Los datos son claros, el 82% de las personas ha requerido vacaciones solo para recuperar su bienestar psicológico, y un 60% siente que necesita descansar con mayor urgencia que en años anteriores. Esta percepción se intensifica en los tramos de mayor edad, donde un 85% del grupo entre 45 y 54 años declara que el descanso es prioritario.
¿Qué dicen algunos de los resultados de la encuesta?
Aunque el 79% reconoce que las vacaciones ayudan a recuperarse del estrés laboral, para el 54% ese efecto positivo dura apenas días o semanas. Esto refleja un nivel de desgaste emocional que va más allá del cansancio físico y que convierte el descanso en una necesidad crítica. “Hoy las vacaciones son mucho más que un tiempo libre: son una estrategia de cuidado emocional. Cuando el descanso se posterga, podrían aumentar los riesgos de estrés laboral agotamiento físico, y ansiedad, entre otros, afectando no solo la productividad, sino la calidad de vida”, señala Cinthya Ríos, psicóloga de Mutual de Seguridad.
A esta necesidad emocional creciente se suman barreras prácticas que dificultan planificar y tomar vacaciones, por ejemplo, un 33% aseguró no usar sus días por falta de dinero. El informe también revela que un 36% no ha tomado vacaciones en más de un año y que un 57% tiene días acumulados que no ha utilizado. Entre las razones más frecuentes se encuentran guardar los días para más adelante (37%), la falta de recursos económicos (33%) y la escasez de personal (24%).
¿Se logra, de verdad, una desconexion en las vacaciones?
Otro de los puntos relevantes del estudio, es que la desconexión efectiva sigue siendo una promesa no cumplida. Solo un 43% logra desconectarse totalmente durante sus vacaciones, mientras que un 28% permanece altamente conectado y apenas un 34% declara no ser contactado durante su descanso.
A esto se suma que solo un 45% afirma que su organización cuenta con políticas claras para respetar la desconexión. El resultado es evidente: incluso cuando las personas logran tomarse vacaciones, el trabajo continúa presente como una carga mental difícil de dejar atrás.
¿Está la conciencia en los empleadores de la utilidad de las vacaciones?
A las dificultades estructurales se suman factores culturales que afectan directamente el bienestar psicológico. Solo el 45% percibe que tomarse los 15 días completos es algo normal en su entorno laboral, mientras un 37% ha sentido que su jefatura lo hace sentir mal por hacerlo y un 25% reconoce haber recibido comentarios similares de parte de compañeros.
“El descanso no puede depender exclusivamente del esfuerzo individual o de la capacidad económica de las personas. En muchas organizaciones, tomarse los 15 días completos sigue generando culpa o comentarios negativos, ya sea desde jefaturas o compañeros. Necesitamos transitar hacia culturas que no solo valoren, sino que impulsen activamente el descanso como parte integral del bienestar laboral”, comenta Cinthya Ríos.
Finalmente, el estudio muestra diferencias marcadas en la extensión del descanso según la condición laboral. Entre los trabajadores independientes informales, un 56% se toma solo una semana o menos de vacaciones, siendo el grupo con los períodos más acotados. Además, solo un 19% de los independientes alcanza vacaciones de tres semanas o más, muy por debajo del 26% registrado entre quienes trabajan con contrato, lo que evidencia una brecha clara en la posibilidad real de desconexión y recuperación. “Promover el descanso no es un beneficio opcional, es una inversión en bienestar. Para quienes trabajan en organizaciones, esto implica políticas claras de desconexión; y para los independientes, generar espacios reales para planificar vacaciones sin que signifique perder ingresos. Ambos escenarios son clave para reducir el desgaste y mejorar la salud integral”, culmina la psicóloga de Mutual de Seguridad.







