A más 15 años del terremoto del 2010, los apoderados de la Escuela José Manuel Balmaceda mantienen en alto la molestia, luego de conocer, primero, que el histórico edificio ubicado en calle Merced con O’Higgins, pleno centro de Curicó, no está considerado para ser reconstruido en el corto plazo, y en segundo término, ahora están incluso con el riesgo de perder el nombre, pese a que el establecimiento está declarado como Monumento Nacional.
En los último dias los padres y la comunidad escolar han alzado la voz tras conocer que se encuentra programada para el 2026 la fusión de este plantel con la escuela María Inés Rodríguez, lo que permitiría que los alumnos, dejen las salas de emergencia en que han permanecido durante los últimos 15 años tras el cataclismo del 27F. Eso como lo positivo del plan, pero lo negativo, que perdería el nombre de la escuela: José Manuel Balmaceda.
De temporal a permanente
Recordar que este establecimiento —declarado Monumento Nacional en el 2004— sufrió severos daños estructurales, por la comunidad escolar ha debido realizar sus actividades en instalaciones provisorias, consistentes container, habilitados inicialmente como una medida de emergencia temporal. Sin embargo, esta condición se extiende hasta hoy, en uno de los espacios laterales del estadio La Granja afectando a generaciones completas de estudiantes.
Los apoderados señalan estar “defraudados”, pues desde más de una década se les aseguró que el edificio patrimonial sería reconstruido en el mismo lugar calle Merced con avenida O’Higgins, para lo cual, en varias ocasiones, el Gobierno Regional y consejeros regionales, dentro de los últimos 15 años han comprometido los recursos. Pese a esto último, el proyecto no ha logrado avanzar y por el contrario ha aumentado sus costos junto al paso del tiempo.
Varios golpes
Los padres, apoderados y sus hijos, que han debido cursar de kínder a octavo año básico en conteiner, con varias licenciaturas desarrolladas, en más de alguna oportunidad han rechazado la posibilidad de ser traslados a un establecimiento educacional que posea capacidad y las condiciones para recibirlos, argumentando “que han preferido esperar, con los sacrificios que esto significa, hasta que llegue el nuevo edificio y con ello no perder la identidad de la escuela Balmaceda”.
Esta aspiración permanente ha sufrido varios golpes, entre las licitaciones, desiertas, encarecimiento del proyecto, las complicaciones impuestas por el Consejo Monumentos Nacionales, publicación de nuevas normativas, hasta la aparición de plagas de termitas, entre otras tantas situaciones que han ido estancando la iniciativa, hasta hace un par de meses cuando se conoció que el Gobierno Regional no estaba en condición de asumir en solitario el proyecto.
Nuevo balde de agua fría
Un nuevo balde de agua fría cayó hace algunas semanas cuando en sesión del concejo municipal se anunció que se han adoptado dos determinaciones en torno a la escuela Balmaceda: una, terminar con las salas de emergencia en que están los alumnos; y segundo, dentro de un plan de fusiones, unir a los a estudiantes de este plantel con los pertenecientes a la escuela María Inés Rodríguez.
“Por un lado nos dicen que no están los recursos, que en definitivamente no se construirá la escuela, por lo menos por ahora, y por otro, ahora tenemos que irnos a la escuela María Inés Rodríguez, pero no no nos dan la seguridad que no vamos a perder el nombre de la escuela; no estamos en contra de irnos, porque no nos queda otra, pero no permitiremos que nos quiten nuestra identidad”, dijo Andrea González, Presidenta de los padres y apoderados.






