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Más allá de los titulares: Aclarando la baja comprensión lectora de los futuros docentes

Por Carla Muñoz Valenzuela. Académica, Dpto. Psicología UCM, Investigadora principal del Núcleo Milenio para la Ciencia del Aprendizaje e Investigadora responsable Fondecyt (Psicogénesis de la motivación lectora).

A propósito de mi columna del día 31 de mayo publicada en El Mostrador, sobre la baja comprensión lectora de futuros docentes quisiera realizar un par de precisiones necesarias que permitan evaluar con justeza tanto mi opinión como el valor intrínseco del estudio citado.

La columna estuvo motivada principalmente por el titular impreciso de la nota de prensa original, que deja la impresión errónea en el lector de que el estudio está referido a toda la población de futuros docentes, cuando en realidad trata de un diagnóstico institucional en dos medidas (de primer y cuarto año) a una muestra de tres carreras de Pedagogía.

El estudio citado tiene un valor propio y su mérito ya ha sido refrendado por la evaluación positiva de los pares y posterior publicación. Eso es incuestionable. El estudio, de carácter institucional, muestra también que, no solo es necesario, sino posible de realizar acciones diagnósticas que permitan la mejora permanente de nuestros estudiantes.

Ahora bien, no podemos soslayar los problemas que este artículo destaca: a los futuros profesores no solo no les gusta leer, sino que, además, enfrentan serias dificultades en la comprensión de textos, alcanzando niveles muy por debajo de lo esperado para su desempeño profesional.

Este es un problema que debemos atender con urgencia en la formación de profesores y, probablemente, extender esta preocupación a toda nuestra Educación Superior. Ya en el año 2000 el estudio de la OECD (International Adult Literacy Survey), revelaba la baja competencia lectora de los adultos chilenos entre 15 y 65 años. Asimismo, el Centro de Estudios Públicos (CEP) alertaba sobre el punto, señalando que más de un 80% de los chilenos evaluados no poseía “el nivel de lectura mínimo para funcionar en el mundo de hoy”.

Por último, recordar que, si bien, hoy tenemos una evaluación diagnóstica del futuro profesorado que depende de las universidades, la evaluación final, en el momento del egreso es de corte nacional para todos los estudiantes de pedagogía (END).

El problema de esto es la comparabilidad de resultados. No sabemos qué instrumentos se utilizan al inicio (dependen de cada institución) y, por lo tanto, no podemos comparar resultados entre universidades (¿Cuál es el “valor agregado” de cada programa de pedagogía?  ¿cómo se están remediando las falencias al inicio de la formación?). Por cierto, la competencia lectora, per sé, no está siendo evaluada en el diagnóstico.

Frente a esta realidad, el llamado a nuestras autoridades es a atender a la investigación. Esta es una realidad que a todos debe interpelarnos por lo gravitante de la labor pedagógica en nuestra sociedad y que debemos enfrentar en conjunto, con urgencia.

 

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